CARTOGRAFÍA
Autor: Santi Mutante
Sección: Cartas al aire
Fecha de publicación: 2017-11-07
No. Dossier: 1
Todos somos clowns en potencia. Así como un caricaturista resalta una característica de nosotros que obviamos o preferimos esconderla el clown hace lo mismo, es decir, no esconde sus defectos o característica específica de la persona sino que la resalta, la aumenta, la explora para poder utilizarla en escena y generar poesía desde un costado más sincero. Si eres gordo, exagéralo y juega con ello, si eres negociante, exagéralo, si eres un gruñón, exagéralo, si de todo haces una novela barata, exagéralo. No escondo nada, así soy con mis aciertos y desaciertos, es algo muy diferente a lo que nos han enseñado en la vida: “no te hagas el tonto y camina bien”, “¡come bien!, no te hagas el gracioso” o ”acomódate bien la ropa para que no se vea que estás lastimado”. Luchar contra esto es uno de los grandes trabajos de un taller de clown. ¿Si siempre me han dicho que no me haga el tonto por qué ahora tengo que serlo? Es muy común ante tremendo choque y conflicto personal que las personas se escondan detrás de un personaje de lo más extraño y extravagante ante la imposibilidad de enfrentarse tal cual al público, cuando en realidad la creación de ese tipo de personajes es una etapa posterior al proceso, de lo contrario el edificio se derrumbaría fácilmente.
Ser un idiota es complicado, ¿por qué?, porque nadie quiere aceptar que es un idiota tal y cual uno actúa en la vida. En la vida estamos acostumbrados a esconder los aspectos que no queremos que sean vistos por los demás. Es más fácil y más cool que se rían de lo que digo o de burlarse de otra persona que reírme de mí. Pero eso es necesario. Para que los demás se rían de mí, necesito yo poderme reír de mí, de lo tragicómica que puede ser mi vida, ¡de mis aspectos más patéticos! . Aquí viene otro problema, la aceptación. Cuando logro reconocer estos aspectos es muy probable que una voz interna me diga: no lo hagas!. Eso es a lo que llamo EGO. En los ejercicios de payaso es muy común que los alumnos crean que se ríen de ellos y no de lo que están haciendo, de su calidad clownesca. Entonces suelen llegar más rápidamente al final de las improvisaciones o llevarlas por el curso en el que ellos se sienten cómodos, sin importarles que estén defraudando al público. Ahí aparece el ego, diciendo: ¡se están riendo de ti! ¡No te hagas el idiota, que pensarán luego! Con esto no estoy diciendo que no te importe en absoluto lo que digan los demás, pero sí que tu propio cerebro no te condicione a la hora de realizar un acto.
El ego es fuerte, puede aparecer de maneras conscientes como inconscientes, trabajar una improvisación muchas veces no nos deja arriesgar tanto como quisiéramos en escena. El clown es vulnerable, el ego no. El clown acepta, el ego niega. El clown juega y se sorprende, el ego discute y se encierra. El trabajo que cada uno tendrá contra su ego es comparable a la de un soldado que le debe ganar a un ejército entero. La guerra será larga y conflictiva, pero ¡allá vamos!.